El pueblo que decidió quedarse, en 1998 el Huracán Mitch descargó toda su ira contra las planicies de Santa Catarina de Ixtahuacán

Las autoridades decidieron evacuar el poblado. Pero muchas familias se quedaron. Breve crónica de una comunidad decidida a resistir los antojos del clima.

Dicen que Santa Catarina es prehistórica. Que Ixtahuacán viene de las voces Ixtl o Ixtla y que más que un nombre lo que esa voz del Nahuatl designa es una llanura para cultivar. Todo un rasgo geográfico y productivo para este poblado, que se ubica a 1.600 metros de altura sobre el nivel del mar, en el Departamento de Sololá, a 150 km de la capital. Dicen sus antiguos que los primeros pobladores se asentaron en estas tierras a partir del año 500 d.C. Y debe ser verdad. 

Pero también es cierto que Santa Catarina nació de nuevo el 2 de noviembre de 1998, cuando logró sobrevivir a duras penas al Huracán Mitch, que con toda su furia de viento y agua causó desastres en las montañas y en las costas, pero se ensañó sobre todo con el altiplano de  Ixtahuacán. Lluvias, tormentan, derrumbes de viviendas, pérdidas agropecuarias y erosiones del suelo fueron el resultado de un pronóstico lapidario compartido por geólogos y autoridades: había que trasladar de inmediato a los pobladores a un sitio más seguro.  

Y eso hicieron al cabo de cuatro años: la Nueva Santa Catarina se construyó con acuerdo de la municipalidad de Nahuala que concedería un total de 4.5 caballerías para asentar la cabecera del distrito con renovada traza urbanística y diseño moderno. Pero el inventario de los posesionarios de los terrenos generó fuerte enfrentamiento entre los vecinos, con un larguísimo proceso de negociación, mediación e incluso, cabildo abierto que dejó enemistades a un lado y otro del camino. 

El traslado recién comenzó el 11 de enero del año 2002. Pero un grupo de pobladores decidió quedarse, a pesar de las advertencias de los meteorólogos y de la posterior tormenta Stan que llenó otra vez de cicatrices las precarias vías de acceso y afectó más aún   la producción agrícola-ganadera de la zona. La cuestión es que en ese enero de hace 17 años, comenzó el éxodo de algunas familias, la resistencia de otras y la indecisión de muchos pobladores que nunca terminan ni de irse ni de quedarse. Entre la nueva y la antigua Santa Catarina se construyeron entonces tácticas para sobrevivir, resistir y adaptarse al cambio climático. 

Así fue como, por ejemplo, las comunidades decidieron asociarse para producir cultivos de arvejas para exportación. Lo hicieron con la ayuda de las Naciones Unidas y la Cooperación Europea. Ahora ya cuentan con una sala de selección y realizan compras de insumos comunitarias, lo que les permite bajar los costos de producción y optimizar sus métodos de negociación con las empresas exportadoras. 

                                                                                                                                                    

En el mes de mayo, una delegación del Programa EUROCLIMA+ de la Unión Europea, acompañada por referentes de 18 países del Caribe y América Latina que ejecutan proyectos orientados a la producción resiliente de alimentos, visitó  la comunidad de la Antigua Santa Catarina para comprobar cómo hacen sus pobladores para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. El técnico Jonny Toledo fue el nexo entre los investigadores y extensionistas latinoamericanos y los miembros de las comunidades de Antigua Santa Catarina, que recibieron a la comitiva y explicaron los alcances de sus emprendimientos en cadenas de valor con cultivos de exportación y sistemas solidarios de venta de excedentes hortícolas en mercados campesinos. 

“Cuando las autoridades decidieron trasladarnos cesó la ayuda del gobierno. Durante 19 años no tuvimos ningún apoyo. Este es el primer proyecto de cooperación que logramos obtener. Aquí la tierra es fertil Y lo que decidimos, además de nuestros cultivos tradicionales de frijol y trigo es comenzar a producir arveja dulce para exportación”, advierte Santos Guachiac Salquil, referente de la comunidad . Cuenta que inicialmente se asociaron  22 familias pero hoy ya cuentan con un total de 104 socios y socias, que tienen asistencia técnica, tecnología compartida, un salón de acopio y compras compartidas. 

“Los procesos necesitan de capital de inversión a través de un fondo que creamos para comprar en bloque los insumos y mejorar las condiciones de  comercialización con la empresa exportadora. Así logramos aumentar ya la libra de arveja de 3.25 a 4.60 dólares y tener mayor capacidad de negociación”, señala. Ahora se proponen avanzar en la cadena de frío, pero además apuestan a la diversificación forestal, por eso introdujeron en el último período mil plantas de aguacate en una extensión de 4,5 ha., con un doble propósito: diversificar la canasta de productos y restaurar con cortinas forestales los suelos erosionados por los efectos del cambio climático. 

Si bien las mujeres ya logran participar también del emprendimiento, en realidad donde mayor protagonismo tienen es en la cooperativa Ixbalam. Allí están asociadas unas 700 campesinas que trabajan en consumo responsable, con programas de participación política ciudadana. Producen hortalizas en sus huertas familiares y crían animales de traspatio: pollos, campote, conejos y ovejas.  Venden sus excedentes a través de la cooperativa. Miguel Iginio es el joven gerente de esa entidad asociativa.

Hijo de una de las socias fundadoras, técnico agropecuario, Miguel es el encargado del stock y la comercialización. “Aquí, que siempre escasea el trabajo, y muchos deben migrar, nosotros logramos autoemplearnos”, asegura. Sabe de qué habla. Conoce por experiencia propia lo que marcan las estadísticas: no se resigna a migrar a Estados Unidos, como muchos de su generación, ni a emplearse en una maquila de la capital, 12 horas diarias, mal pagadas, donde cada año los despiden y los vuelven a contratar, sin reconocer sus derechos laborales. 

Sabe Miguel y sabe Santos y también Juana Arimatea Tziquin Guarchaj -la que lleva los números reales de las exportaciones de arvejas dulces-  sabe que la agricultura absorbe al 34,6% de la población económicamente activa ocupada, aunque esta ocupación se caracterice por ser sin contrato (95,4%),sin seguro social (94,8%), en la informalidad (89,5%) y que muchas veces proporcione ingresos menores al salario mínimo (96,2%) y menores a la canasta básica alimentaria (98%).

Saben estos jóvenes, aunque no tengan a tiro todos los números, por qué en este país donde el 65,4% de la superficie productiva está en manos del 1,9% de los productores, la concentración en la tenencia de la tierra explique una de las causas principales de la pobreza y del hambre. El talón de Aquiles del que habla el sociólogo guatemalteco Edelberto Torres García.

Es por esta combinación de indicadores que las Naciones Unidas reconocen que el cambio climático, el uso sostenible de los recursos naturales y la protección del medio ambiente constituyen, sin lugar a dudas, el mayor desafío contemporáneo.  “Nos obliga a repensar con urgencia los marcos de gobernanza internacionales y nacionales requeridos para responder a una gran multiplicidad de retos: la erradicación de la pobreza, la protección de la biodiversidad, la prevención de riesgos, la alimentación sostenible y la adaptación al cambio climático”, advierten desde FAO. La cooperativa que gerencia Miguel, junto a su madre y 700 mujeres, forma parte de un proyecto mayor de cooperación que incluye 11 municipios seleccionados de 19 micro-cuencas priorizadas en los municipios del Departamento de Sololá.

                                                                                                                                                    

“Los impactos del cambio climático que enfrentan estos municipios incluyen el aumento de temperaturas, la disminución de la media de precipitaciones, el aumento en la frecuencia de las precipitaciones extremas, así como en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos”, explican los especialistas locales del PNUD, que acompañan esta iniciativa, junto a un equipo de  técnicos bilingües que comparten la complejidad territorial, la diversidad lingüística, los enfoques territoriales y las decisiones que toman en el cotidiano las comunidades.  

-¿Por qué frente a semejantes riesgos climáticos ustedes deciden quedarse en esta tierra?. 

“Seguimos porque aquí hay calidad de vida”, contestan Miguel y Santos.  Lo dicen rápido con la certeza de los que creen, mientras los volcanes de Fuego y Agua le ponen un marco de incertidumbre al cuadro de Ixtahuacán, esa llanura para cultivar que las nuevas generaciones de la Antigua Santa Catarina se empeñan en defender.

Un reportaje realizado por Cora Gornitzky, comunicadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Argentina.

El reportaje se realizó en el marco del Lanzamiento de los proyectos del componente Gestión Resiliente de Alimentos, realizado del 14 al 17 de mayo,  es un organismo de investigación, estatal, descentralizado con autarquía financiera​ y operativa dependiente de la Secretaría de Agroindustria.